diana anchundia : hola amigos de la mejor radio de manabi por fis saludos para mis padres moises anchundia y edita piloso en carcel fronterizo de parte de su hija q los adora un mundo desde caracas venezuela miles de besos y abrazos los amo
guest_1117 : mami hermosa
Radio Centro Dice : 2280500 099502901
guest_5253 : por favor me podrian ayudar conlos fonos de la radio,, gracias quiero hacer una peticionmusical
guest_9381 : buenos dias Radio centro ¡¡¡¡¡¡
guest_7662 : ?
aruvas : Vive la vida
guest_7551 : saludos a mis fans bechos y apapachos
Suplicio de un joven que no quiso delatar a su madre
Nueva Jersey, EE.UU. -- Nació un 4 de julio, el Día de la Independencia de Estados Unidos, una ironía en la que repararía más tarde, en un período oscuro de su vida, c
cuando estuvo encerrado en un centro de detención para indocumentados.
TRENTON,
Daniel Guadrón nadó contra la corriente toda su vida, y lo hizo alegremente, ganando admiradores en cada esquina.
Llegó procedente de Guatemala cuando tenía 13 años, dominó el inglés, le fue muy bien en la escuela y terminó aprendiendo también francés. Sacó el máximo puntaje posible en todos los exámenes de matemáticas que tomó.
Era un niño encantador, inteligente, siempre sonriente, gran jugador de fútbol y quien se destacó también como luchador.
Era uno de esos muchachos con un aura especial, deseoso de aprender y de superarse, con metas claras para el futuro, capaz de distinguir entre lo que está bien y lo que está mal.
Todo el mundo lo podía ver: sus profesores en la escuela secundaria Trenton Central High, sus técnicos en los deportes, los compañeros con los que se entrenó para su primera carrera de 10 kilómetros, los empleados del restaurante donde trabajaba los fines de semana e incluso un abogado al que conoció en un edificio donde se encargaba de la limpieza por la noche. El abogado le decía "Profesor".
Su consejero afirmaba que era "el preferido de todos".
Hasta que un día de abril del 2008, Daniel, de 18 años, desapareció.
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Siete hombres armados llegaron a su vivienda en la madrugada, gritando y golpeando puertas. En sus chaquetas se leía: ICE.
Daniel, quien estaba en la cama, sabía a quien buscaban los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, según sus siglas en inglés): A su madre, quien se había ido a trabajar poco antes. Recuerda que le advirtieron que si no les decía dónde estaba su madre, se lo llevaban a él.
Daniel se vistió lentamente, contento de que su madre, una mujer dulce que casi no habla inglés, no estuviese allí. La madre trabajaba en la limpieza y cocinaba los mejores platos del mundo con arroz. Estaba criando a sus hijos sola, llenándolos de amor en el modesto departamento que ocupaban en un barrio pobre de Trenton. Daniel estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.
Los agentes lo esposaron, le pusieron grilletes y lo subieron a una camioneta, junto con una familia de Costa Rica que también había sido sacada de la cama. Fueron llevados a Elizabeth, a unos 80 kilómetros (poco más de 50 millas), y encerrados en un sitio lúgubre, en un sector industrial cerca del aeropuerto de Newark. A Daniel le dieron un uniforme azul de preso y lo ubicaron con otros 300 inmigrantes.
"¿Por qué me tratan como un delincuente, si no hice nada?", se preguntó.
Le tomó pocos días descubrir el horrible universo de los centros de detención del ICE, en los que todos los años son retenidas por tiempo indefinido unas 350.000 personas, indocumentadas o que piden asilo, mientras las autoridades deciden su futuro.
Daniel sabía que podía ser deportado si no tenía papeles. Y que sus padres, quienes se habían separado, estaban trabajando con un abogado para tratar de regularizar su situación.