Desastres naturales, no tan desastrosos para la economía

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“Tras un periodo de 10 años, ya no hay secuelas perceptibles en la economía que puedan ser achacables a estos desastres de gran magnitud, como alguno de los que hemos visto recientemente, que en el corto plazo sí tienen un impacto muy grande”, expone Eduardo Cavallo, investigador líder en el Departamento de Investigación del BID, responsable de esta revisión.

Existen incluso estudios que apuntan a que, si los desastres no son muy severos y las condiciones del país que las sufren son adecuadas, puede ser positivo a medio plazo. “Hay factores que pueden resultar beneficiosos: la reconstrucción, los fondos que aportan las aseguradoras y las ayudas estatales pueden generar un efecto positivo”, explicaba en un artículo publicado en este periódico uno de los mayores expertos en la materia, Mark Skidmore. Un ejemplo, citaba el texto, es Greensburg, un pequeño pueblo de Kansas que tras sufrir en 2007 un tornado que acabó con el 95% de sus edificios se ha reconvertido en líder en edificación verde.

Estas conclusiones son puramente macro económicas, no tienen en cuenta otro tipo de secuelas, como las personales o las que atañen a la salud. Los estudios también muestran que, además de las desastrosas consecuencias inmediatas, la desnutrición y las enfermedades después de un desastre pueden influir en la salud de los niños. “Y las muertes, la pérdida de la vivienda y de los modos de subsistencia pueden producir estrés postraumático. Esto puede afectar tanto a las mujeres embarazadas, que lo transmiten a sus hijos in utero, como a los niños durante la infancia, causando depresión y ansiedad que puede ser profunda y perdurable”, concluye el economista Sebastian Miller en otro estudio para el BID. Su investigación demostró que casi 40 años después terremoto que azotó en 1970 a las regiones de Ancash y La Libertad, en el norte de Perú, las personas afectadas in utero por el terremoto tuvieron 0,65 años menos de educación. Además, los hijos de las mujeres que se vieron expuestas cursaron 0,45 años menos de educación.

Una catástrofe, además, dependiendo del tipo que sea, puede dejar consecuencias medioambientales y humanas que no se recuperan tan fácimente. Pero, analizando solamente la macroeconomía, se descubre que los países más vulnerables a huracanes, tormentas e inundaciones tienen muy bajas posibilidades (entre un 2% y un 4%) de enfrentar una catástrofe tras la cual la producción caiga 4% y no se recupere.

“Pero ese tipo de eventos son tan devastadores que pueden afectar la economía de un país de la misma forma en que una herida grave en la cabeza afecta el cerebro: se expande rápidamente en una reacción en cadena desde el lugar donde se produjo el impacto a regiones distantes; se alteran funciones clave; se paralizan actividades. Un desastre natural severo no solo arrasa con la agricultura y la industria. Hay una necesidad abrumadora de volcar recursos a asistencia humanitaria y reconstrucción. Y cuando gran parte de su base de ingresos queda destruida y actividades básicas como recaudar impuestos se ven limitadas, el gobierno avanza con dificultad y poca capacidad de ayudar al país a recuperarse”, subraya el informe.

Los recursos de los países Latinoamericanos para enfrentarse a esta reconstrucción, en general, son escasos, pero resultan cruciales, ya que la ayuda internacional que reciben tan solo supone un 0,25% del PIB de esos países y un 3% de los daños económicos estimados. Además, parte de esa ayuda ya había sido otorgada; simplemente se reasigna a asistencia humanitaria desde otros sectores para los que ya estaba presupuestada.

Es necesario crear mecanismos para que a través del mercado de capitales se diversifiquen los riesgos”, explica el experto. Un ejemplo serían los bonos catástrofe; se pueden emitir para peligros variados en distintas partes del mundo, lo que hace poco probable que ocurran al mismo tiempo. “Pero para avanzar en eso tiene que haber coordinación entre países y con la cooperación internacional”, subraya Cavallo.

En definitiva, para que un país se recupere bien de una catástrofe, necesita capacidad de planificar a largo plazo, lo que incluye buena gestión macroeconómica para ahorrar, seguros, infraestructuras resilientes y buena

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