La contaminación atmosférica causa 800.000 muertes prematuras cada año en Europa

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Un problema al que se estima responsable de 400.000 muertes prematuras cada año en Europa y cuyos actuales niveles están “probablemente subestimados”, a juicio del TCE (Tribunal de Cuentas de la Unión Europea).

La mayoría de estos fallecimientos (entre un 40 y un 80%) serían el resultado de enfermedades cardiovasculares (ECV), lo que significa que el impacto de la contaminación ambiental es mayor en el corazón y el aparato circulatorio que en los pulmones. “Hemos utilizado nuevos indicadores de riesgo, basados en una base de datos epidemiológicos muy ampliada”, explica Jos Lelieveld, investigador en el centro alemán y autor principal del trabajo, “además disponemos de nueva información sobre la concentración de partículas finas que indican un impacto aún más peligroso”.

PARTÍCULAS EN SUSPENSIÓN

“En los países del sur de Europa se calcula que un 30% o un 35% de estas partículas procede del tráfico rodado, en particular de las ruedas y los frenos”, explica Xavier Querol, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (Idaea/CSIC). “Por otro lado la quema de biomasa aportaría un porcentaje similar, y además está la industria, el polvo de la construcción, etc.”. Y no se trata de un riesgo exclusivo de grandes ciudades, “en España hay un problema con las poblaciones de tamaño intermedio, donde existen menos mediciones y en las que un gran porcentaje de partículas son de origen doméstico o residual, por ejemplo de calefacciones de leña”, advierte.

Para medir sus efectos en la salud, en los que difícilmente se puede establecer una relación directa, los científicos recurren a estimaciones de la esperanza de vida en relación con niveles de concentración de partículas en cada área. En este caso, los investigadores alemanes han utilizado un modelo integral que incluye procesos químicos y atmosféricos de contaminación, y su interacción con la tierra y el mar. Esto incluye las emisiones naturales y las artificiales, resultantes de la generación de energía, la industria, el tráfico y la agricultura. Este nuevo modelo de exposición ha sido aplicado a los datos de la OMS sobre tasas de mortalidad, que incluye información sobre la densidad de población, ubicación geográfica, edad y factores de riesgo para varias enfermedades y causas de muerte.

MENOR TAMAÑO, MAYOR RIESGO

“La contaminación del aire que producen estas partículas genera un daño a los vasos sanguíneos a través de un aumento del estrés oxidativo, que luego puede conducir al aumento de la presión arterial, diabetes, derrames cerebrales, ataques e insuficiencias cardíacas”, explica Thomas Münzel, coautor del artículo.

Actualmente, el límite PM2,5 en el aire dentro de la UE es de 25 g/m3 (micras por metro cúbico), muy superior a las directrices de la OMS de 10 g/m3. Los autores piden la adecuación de la normativa comunitaria a estos estándares -algo que ya reclamaba el pasado septiembre el TCE- además de la puesta en práctica de iniciativas para reducir los niveles de contaminación del aire. En este sentido, el año pasado se lanzó la hoja de ruta para la mejora de las directivas de calidad del aire, cuya revisión final está prevista para finales de 2019, con nuevos valores límite para el dióxido de azufre, el dióxido de nitrógeno, PM10 y PM 2.5.

Fuente: El Mundo.

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