El Coronavirus llegó a Latinoamérica… ¿nuestras costumbres pueden perjudicarnos?

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La erradicación de la pandemia depende de los científicos y médicos, pero sobre todo de nosotros. Compréndelo antes de que tengamos miles de muertos en nuestro continente

Este virus no distingue entre nacionalidades, pero ciertamente, la manera en que se comporten los ciudadanos de un país puede agravar o mejorar la situación. El ejemplo más claro ha sido Italia, donde a pesar que se hizo el llamado voluntario a la gente a quedarse en casa y evitar el contacto físico, no se le dio importancia, y estamos viendo las terribles consecuencias que están sufriendo en un país donde ya han muerto más de 1800 personas y a más de 25.000 personas se les ha diagnosticado coronavirus. Por este motivo, ante esta rapidez y el gran número de contagios, el Gobierno italiano tuvo tomar que medidas  drásticas como el confinamiento de todo el país en sus casas.

Lo mismo está pasando con los españoles, a los que también les ha costado mentalizarse sobre la gravedad de esta pandemia, y tomar decisiones responsables para evitar la propagación del virus. Por eso, a pesar de las peticiones de las autoridades, de las informaciones difundidas por todos los medios y expertos y de los hashtags difundidos por redes sociales como #QuédateEnCasa, muchos ciudadanos siguen saliendo a la calle para tomar un poco el aire, el sol o quedar con un amigo. Por eso, también en España, y en Francia también, han comenzado con el confinamiento obligatorio de la población para evitar que la propagación del virus siga siendo tan rápida porque quedarse en casa salva vidas. 

El COVID-19 ya está en Latinoamérica

En Latinoamérica están empezando a surgir cada día más casos y parece que ciertas actitudes de nuestra cultura podrían ayudar a expandirse rápidamente como en Italia y España. Por eso, debemos tomar conciencia y analizar cómo somos si no queremos que nuestros comportamientos influyan  en la propagación de este virus y comencemos a ver morir a cientos de personas, compatriotas, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, seres queridos… 

No es que nuestras costumbres nos hagan mejores o peores, menos o más, sino que, en estas circunstancias tan difíciles, nos pueden hacer más vulnerables a la enfermedad. A continuación las analizamos:

KISS

BESOS, ABRAZOS Y MÁS

Para saludarnos, despedirnos, felicitarnos, mostrarnos afecto, cuando nos sentimos felices, cuando estamos tristes o simplemente porque nos provoca, usualmente el latinoamericano recurre mucho al contacto físico o, como coloquialmente se dice, “es muy tocón”. Y no es solo con familiares y amigos cercanos, incluso cuando nos presentan a un extraño, a veces no solo le damos la mano, sino que, además, hasta le damos un beso. Y aunque esto normalmente nos hace ver lo cariñosos y simpáticos que somos. Pero toda esta efusividad es muy contraproducente en estos momentos, ya que incrementa enormemente el riego de contagio.

Es difícil porque es casi rutinario y hasta inconsciente. Pero lo bueno es que  el latinoamericano es que es muy creativo, así que es hora de sacarle provecho a esa cualidad, pero para inventar nuevos saludos donde se respete el metro de distancia cuando te veas obligado a salir de casa y te encuentres con algún conocido.

YO SÓLO SÉ QUE NO SÉ NADA

Ojalá estuviéramos hablando de Sócrates, pero lamentablemente hay que admitir que muchos latinos tienen la mala costumbre de opinar y hablar de todo aunque no tengan certeza o idea de nada, o porque escucharon un audio por Whatsapp de un supuesto médico de Milán, que ni nombre dice. Esto puede ser muy peligroso porque se puede caer en propagar la desinformación.

Es importante saber admitir que no sabemos de un tema antes de decir algo que no es cierto o, peor, inventar algo (esto está pasando mucho con el tema del uso de las mascarillas), verificar la fuente, contrastarla, leer diarios o páginas webs respetables y consultar siempre los canales de comunicación de los organismos internacionales competentes (como la OMS).

LA SOBERBIA Y LA CULTURA DEL MACHO

 El “eso no me va a pasar a mí”, “eso del Coronavirus es pura exageración de los medios”, “yo soy un hombre fuerte que no se enferma”, “eso es una gripecita y ya”, “qué ridiculez esa de lavarse las manos, al que le va a tocar, le toca”. Es cierto que no se debe caer en pánico, pero tampoco minimizar esta enfermedad de la que todavía se está aprendiendo (como si queda o no daño pulmonar de por vida o por qué y cómo reincide) y por la cual han muerto cientos de personas en el mundo. Esta falta de percepción del riesgo, del peligro real hace que también se incremente el riesgo de propagación. Al no darle importancia, no se toman las medidas preventivas y, por lo tanto, son mayores las probabilidades de contagio. Igual se baja al parque, se hace la fiesta de cumpleaños, etc. No escuches a tu ego sino las opiniones de los expertos. No sólo se trata de ti, sino también de a quienes tú puedes contaminar.

 Aunque claro que en estos tiempos es necesario el humor para sobrellevar la ansiedad, el miedo y el estrés; esa costumbre de nosotros de hacer de todo un chiste puede jugarnos una mala pasada porque, de nuevo, se puede caer en la desinformación si alguien no entiende que es una broma, lo da como cierto y, de paso, lo replica.

EL “REMEDIO DE LA ABUELA”

Para todo hay un remedio casero que quita todos los males, pero no, esa receta que te pasaron de que calentaras en una olla agua con jengibre, limón y naranja, no te hace inmune al virus, mucho menos lo mata “porque está caliente y lleno de Vitamina C”.  Tampoco dormir con una cebolla debajo de la cama hará algo (más que dejarte un fuerte olor).

Hay que dejar de lado las supersticiones (la cadena que te están pasando sobre Nostradamus también es falsa), las recetas mágicas y basarse más en la ciencia. Claro que consumir alimentos ricos en Vitamina C fortalecen tu sistema inmune, pero no es ninguna cura ni garantía. Quedarse en casa, lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón, evitar tocarse manos, ojos y nariz, y desinfectar las superficies son las mejores precauciones.

COMER LO QUE SEA EN LA CALLE

Nos encanta el carrito de hot dog callejero, los dulces criollos de la señora de la esquina… y seamos sinceros, muchos de estos sitios ya de por sí no tienen las mejores condiciones higiénicas normalmente (“pero eso es lo que le da el saborcito”, decimos) pero, en estas circunstancias, pueden ser un foco del virus. Sólo imagina que una sola persona que tenga Coronavirus tome con sus manos el frasco de mostaza que todos usan para aderezar su hot dog, o que el vendedor, cuyas manos puedes tocar cuando te da el producto o si te cobra en efectivo, lo tenga. Elige bien donde vas a comer y fíjate que el local o vendedor cumplan con las condiciones sanitarias de las circunstancias actuales. Asimismo, evita el “si quieres prueba de lo mío”: no dejes que alguien beba de tu mismo vaso y, si vas a compartir tu comida, sepárala con cubiertos y/o usa platos separados (nada de mordiscos a tu hamburguesa).

Y aunque esto no sea una costumbre, algo que realmente causa preocupación en América Latina es la precariedad de la salud pública. Dependiendo del país, la situación puede ser peor aún (en Venezuela, por ejemplo, que es uno de los casos más graves, hay hospitales que no tienen ni servicio de agua) y las personas de ingresos bajos e incluso medio se ven totalmente desatendidas. Esto aplica desde el suministro directo de medicinas a un menor costo hasta la atención médica como tal, la cual puede llegar a ser incluso inexistente porque no hay ni el equipo ni el personal especializado para atender una crisis de salud como ésta.

En definitiva, hay situaciones externas que son muy difíciles o imposibles de controlar por el ciudadano común, pero hay muchas otras que se pueden evitar o minimizar su impacto si cada uno de nosotros pone de su parte. Hay que tomar conciencia y asumir también la responsabilidad que tenemos cada uno tanto en la salud propia como en la de quienes nos rodean… y actuar en consecuencia a ello, aunque eso implique un cambio en nuestras costumbres.

Fuente: Aleteia

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