Castillo elige como hombre fuerte de su Gobierno a un miembro del ala dura de la izquierda peruana

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El primer pulso entre las facciones radicales y moderadas que rodean a Pedro Castillo tiene un claro ganador. El presidente de Perú ha designado como primer ministro a Guido Bellido, un izquierdista muy cercano a Vladimir Cerrón, el dueño del partido marxista-leninista bajo cuyas siglas se presentó el mandatario a las elecciones.

La izquierda moderada y urbana que también apoya a Castillo trató de poner en su lugar a alguien menos dogmático. El discurso de investidura del día anterior, donde se mostró conciliador, hacía pensar que Castillo designaría como hombre fuerte de su Gabinete a alguien con un perfil más moderado.

No ha sido así. Bellido es prácticamente un desconocido. Ha declarado a los medios que no considera que Cuba sea una dictadura ni que Sendero Luminoso merezca el apelativo de terrorista. Apenas tiene experiencia en puestos de responsabilidad ni se le conocen más méritos políticos que puestos de responsabilidad dentro de Perú Libre, el partido con el que se presentó el presidente a las elecciones.

Se trata de un perfil muy discreto. Durante la campaña, Bellido se ha opuesto a la izquierda más centrada que representan políticos como Verónika Mendoza o Pedro Francke, dos aliados que moderaron el discurso de Castillo en la segunda vuelta, cuando necesitaba de una mayoría más amplia para asegurarse la victoria. Este grupo, con más contactos en Lima y más experiencia en los círculos de poder, suavizó posturas homófobas y conservadoras en temas sociales con las que había iniciado su andadura política el profesor de escuela.

Era claro que tarde o temprano, los de un lado y otro, iban a chocar en aspectos claves. La discusión sobre el candidato idóneo ha sido larga. En los últimos días sonó el nombre de Roger Nájar, otro político de la máxima confianza de Cerrón. Sus problemas con la justicia por el impago de la pensión de su hija, que tuvo con una adolescente de 14 años cuando él tenía 30, parecen haberle cerrado el paso.

Una veintena de mujeres congresistas le mandaron a Castillo una carta en la que le desaconsejaban poner en un puesto tan alto a alguien que no respeta el derecho de los menores. Aun así cundió la sensación de que el presidente optaría por Nájar. Finalmente, sin que nadie lo esperase, el elegido fue Bellido, un mando intermedio de Perú Libre como secretario general en Cusco.

Castillo lo nombró en Ayacucho, a donde había ido para celebrar una segunda investidura en el interior del país, esta vez de manera simbólica. Castillo es un invitado en Perú Libre, un partido regionalista sin fuerza en la capital. Sus miembros consideran que han sido ellos los que han impulsado al profesor de escuela hasta la presidencia. Llegado este momento, exigen sus cuotas de poder.

La primera le ha sido concedida. El profesor ha asegurado que él es quien manda en el Gobierno, sin ningún tipo de injerencia, y ha respondido molesto cuando le han sugerido que Cerrón tomará decisiones en la sombra. «No estará ni de portero», dijo una vez Castillo sobre él. Pero la realidad es que Cerrón, alguien que de vez en cuando habla de sí mismo en tercera persona en Twitter, controla a la mitad de los congresistas elegidos.

Castillo debe entenderse con él para asegurar la estabilidad de su bancada. Revelado el nombre del primer ministro, Castillo dará a conocer esta tarde el nombre de los ministros que integrarán su Gabinete. Parece seguro que en él estará Francke como titular de Economía, un puesto clave, y a quien se le considera un economista sólido que garantiza que el país no se embarque en ninguna aventura exótica. Falta por conocer el resto de ministros. El tire y afloje entre moderados y radicales continúa.

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