El Talibán permitirá mujeres en universidades, pero con segregación por sexo en las aulas

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El ministro interino de educación, Abdul Baqi Haqqani, aseguró que el movimiento fundamentalista permitirá la asistencia de mujeres a la universidad. Sin embargo, indicó que habrá una prohibición de clases mixtas. El retroceso en los derechos de las mujeres y las niñas es una de las principales preocupaciones desde que los talibanes volvieron al poder el 15 de agosto, tras 20 años de haber sido ocupados por Estados Unidos.

El Talibán intenta calmar los temores sobre el grupo. Este domingo, anunció cambios en su regreso al poder, que no obstante se valoran con recelo. El movimiento fundamentalista conocido por sus vejaciones, sobre todo contra las mujeres en medio de la aplicación estricta de la Sharia, ha prometido gobernar de manera diferente.

El ministro interino de Educación, Abdul Baqi Haqqani, aseguró que los talibanes autorizarán el acceso de las mujeres a la educación superior, algo prohibido para ellas durante su periodo anterior, entre 1996 y 2001.

“(Los talibanes quieren) crear un plan de estudios islámico razonable que esté en línea con nuestros valores islámicos, nacionales e históricos y, por otro lado, poder competir con otros países”, afirmó en una asamblea conocida como Loya Yirga.

Pero el presunto cambio del movimiento islamista de línea dura es recibido con escepticismo y muchos cuestionan si el grupo cumplirá sus promesas. Ninguna mujer estuvo presente en la reunión del domingo en Kabul, que incluyó a otros altos funcionarios talibanes, lo que demostraría una brecha entre los compromisos y las acciones de los extremistas.

“El Ministerio de Educación Superior de los talibanes solo consultó a profesores y estudiantes varones sobre la reanudación de las funciones de las universidades”, dijo un conferencista que trabajó en una universidad de la ciudad durante el último Gobierno. Señaló que, de esta manera, el grupo demuestra “la prevención sistemática de la participación de las mujeres en la toma de decisiones”.

En Afganistán, las tasas de admisión a la universidad aumentaron en los últimos 20 años de ocupación de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Ese periodo de tiempo resaltó la participación de mujeres en la vida académica al lado de hombres y el hecho de que asistieran a seminarios con profesores varones.

No obstante, la socialización entre hombres y mujeres es precisamente un cambio que los talibanes han dejado claro que no tolerarán, pese a sus supuestas buenas intenciones.

El Talibán confirma la segregación por sexo en las aulas de clase

Para los insurgentes, permitir que las mujeres asistan a la universidad no significa que lo harán junto a hombres. El ministro interino de Educación fue tajante al indicar que bajo su control habrá una prohibición a las clases mixtas.

“El pueblo de Afganistán continuará su educación superior a la luz de la ley Sharia en condiciones de seguridad y sin estar en un ambiente mixto de hombres y mujeres”, sentenció Abdul Baqi Haqqani.

Las niñas y los niños también serán segregados en las escuelas primarias y secundarias, lo que ya era común en todo Afganistán, un país de por sí profundamente conservador.

El grupo se ha comprometido a respetar los avances logrados en los derechos de las mujeres en las últimas dos décadas, pero solo de acuerdo con su estricta interpretación de la ley islámica.

Desde el derrocamiento de los talibanes en 2001 por parte de las tropas lideradas por Estados Unidos, las mujeres lograron avances significativos, con un número creciente de ellas trabajando en bastiones antes considerados masculinos, incluidos la política, los medios de comunicación y el poder judicial. Además, 3,5 millones de niñas accedieron así a la escuela.

Sin embargo, desde que los talibanes se apoderaron de Afganistán el pasado 15 de agosto, en medio del retiro de las tropas occidentales, numerosos afganos han expresado pánico de regresar a lo que fue el último régimen de los radicales.

Con una interpretación estricta de la ley islámica, los militantes llevaron a cabo entonces azotes públicos y lapidaciones contra las mujeres por el incumplimiento de cualquiera de sus normas. Entre ellas, la prohibición de recibir educación, trabajar, hablar en voz alta en público, transitar fuera de sus hogares sin un pariente varón, mostrar cualquier parte de su cuerpo o asomarse a los balcones.

Si bien hubo avances en las dos últimas décadas en ciudades grandes del país como Kabul, los talibanes seguían gobernando en muchas áreas, particularmente rurales y de familias ultraconservadoras, donde la mayoría de mujeres vivían bajo reglas estrictas y las niñas eran vendidas como novias a hombres mayores.

De las promesas de los talibanes no hay mucho que esperar, pues podrían volver a dar rienda suelta a sus abusos, indican los activistas.

“Los hombres con estas ideas ultraconservadoras estaban constantemente y todavía lo están. Son educados, algunos altamente educados. Son los peores (…) Quizás una de nuestras mayores luchas y peleas más grandes será con ellos”, sostuvo, desde su casa en Kabul, la veterana defensora de los derechos de las mujeres Mahbouba Seraj, quien trabaja para apoyar a las víctimas de violencia doméstica y otras formas de abuso de género.

Los talibanes también prometieron no buscar “venganza” contra aquellos afganos que colaboraron con Occidente en los 20 años de ocupación. Sin embargo, algunos activistas, periodistas y traductores han señalado recientemente que tuvieron que ocultarse o huir debido a que los insurgentes los buscaban para atentar contra sus vidas.

No está claro si actúan bajo la dirección de los líderes talibanes o por cuenta propia, ante las divisiones en el interior del grupo extremista, pero ante la violencia y radicalización que los caracteriza, la duda y el temor frente a los talibanes aumenta. Muestra de ello, el actual éxodo masivo tanto por vía aérea como terrestre.

Con AFP y Reuters
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