El Barça asume que es un equipo menor

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Primer partido de la Champions pos-Covid en el Camp Nou, que para no faltar a la catetada pitó el himno de la competición en una demostración de tercermundismo y de indigencia intelectual sólo comparable a la clase política catalana. Terrible vergüenza ajena con mi hija en el estadio. No me hizo falta explicarle la decadencia, la degradación de lo que estaba viendo. En otro orden de cosas, Bartomeu arrasó de tal modo el club que hasta parece que se llevara los altavoces, porque la megafonía era un desastre. No se escuchaba nada. Sensación de club bajo mínimos, todo muy precario. Ni siendo el estreno de la Champions y contra el Bayern, se tuvieron que sortear las entradas y ni el 40% permitido tuvo ganas de asistir.

El Bayern imponía respeto de tal modo que el público aplaudía cualquier acción de su equipo, por pequeña y remota que fuera. La intención y la voluntad de los futbolistas de Koeman no faltaba, pero era evidente la sensación de inferioridad. Hasta se consideraba un mérito, y sobre todo una sorpresa, que en los primeros minutos el Barcelona se atreviera a jugarle de tú a tú a los alemanes. Ter Stegen en el 18 salvó con una mano memorable el disparo envenenado, y rebotado, de Sané, y el Bayern le imprimía una marcha más a su ataque. El Barça asumía el partido desde la limitación, desde la asunción más bien catastrófica de las circunstancias.

Los culés que alguna vez nos sentimos invencibles, ayer tuvimos un ofensivo baño de realidad, y lo peor era que la pequeñez no podía atribuirse a una falta de nervio o de actitud sino a una deprimente falta de calidad y de recursos. El Barça se limitaba, y era mucho, a defenderse, a resistir, a ser prudente, y a como pedirle al Bayern que no le hiciera daño. Impotencia creciente en la grada, mezclada con el agobiante bochorno de final de verano sólo aliviado por una leve, levísima brisa que de vez en cuando pasaba. Luuk de Jong y Memphis intentaban salir rápido, pero era todo muy difícil en un permanente dos contra cuatro.

El Barça conseguía que el Bayern no pudiera correr, que no acabara de sentirse tan superior como efectivamente era y que el partido no se abriera. El público trataba de divertirse con tímidos cánticos que nada tenían que ver con lo que sucedía en el terreno de juego, y lo único que le mantenía en tensión era el miedo al daño que el Bayern pudiera causar, y que finalmente causó Thomas Müller, con el rebote afortunado en Eric García. El 0 a 1 era lo que el Bayern merecía, pero, sobre todo, lo que merecía el Barça, que seguramente por primera vez desde que empezó esta larga y lacerante decadencia asumió su condición de equipo menor que no puede aspirar a nada más que a pasar por las cosas sin pena ni gloria. Hasta Koeman se escondió en el banquillo con el gol alemán. Naufragado su plan A para el partido, la gran incógnita era saber si tenía un plan B. De los 12 partidos en que Bayern y Barça se habían enfrentado, contando el de ayer, el Barcelona sólo ha ganado dos.

La segunda mitad empezó con otro tremendo paradón de Ter Stegen, esta vez con el pie. El Bayern salió a por el segundo y el Barça a duras penas podía luchar contra la inundación. Y el 0 a 2 llegó por la propia inercia de este absoluto dominio. Lewandowski remató un disparo de Musiala al palo. Mal y tarde, Koeman cambió a Busquets y Sergi Roberto por Gavi y Demir. Pitos para Roberto y la sensación de que la derrota local podía ser mucho más abultada. Lo más humillante es cómo se aplaudían pequeños aciertos y esfuerzos insignificantes, o por lo menos sin consecuencias consignables. No había más que celebrar. Coutinho y Mingueza entraron por Luke De Jong y por Eric García.

Los jóvenes le echaron valor, intensidad, como diciéndole al Bayern que si perdían sería luchando y con dignidad. El Camp Nou lo agradeció. Balde debutó para sustituir a Jordi Alba, lesionado. El Bayern levantó el pie del acelerador y prácticamente jugaba andando, y aun así Lewandowski marcó el tercero. Tal vez esta temporada tendría que aprovecharse para dar minutos a los jóvenes, sin tener en cuenta unos resultados que tampoco van a llegar. El miedo al Barça no le servirá de nada. Sólo es fértil la esperanza. Se impuso al final del partido el grito de «Bartomeu a la cárcel».

Abc 
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