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Dos semanas probando el Samsung Galaxy Z Fold 2: el móvil flexible se vuelve más interesante

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Hay que admitir que esta vez Samsung ha hecho los deberes, Y a conciencia. Su nuevo dispositivo plegable, en efecto, soluciona prácticamente todos los problemas que tenía la primera versión, que salió al mercado hace un año de forma algo precipitada. El nuevo Galaxy Z Fold 2, al contrario, tiene un aire más robusto, más sólido, pero sobre todo se puede utilizar como un móvil «normal» gracias a su pantalla externa totalmente funcional, sin necesidad de desplegarlo.

En general, las pruebas llevadas a cabo por ABC han resultado satisfactorias, aunque no se trata de un terminal «para todos los públicos». Sigue siendo, de hecho, un dispositivo para minorías. Tanto sus características como su elevado precio, algo más de 2.000 euros, lo alejan mucho de la mayoría de los usuarios.

Pero veamos. Con un peso de 282 gramos, tiene unas dimensiones, cuando está plegado, de 159,2 x 68 x 16,8-13,8 milímetros. Es, pues, un móvil grueso y pesado, pero su estrecha pantalla externa de 6.2 pulgadas Super AMOLED (con una resolución de 2.260 x 816 píxeles) sigue permitiendo sujetarlo y manipularlo con una sola mano.

Abierto, la cosa cambia. Las dimensiones pasan a ser de 159,2 milímetros de alto por 128,2 de ancho. En cuanto al grosor, varía entre los 6 milímetros de los bordes y los 6,9 milímetros de la parte central, más gruesa para encajar la bisagra. En todo caso, necesitaremos de ambas manos para manejar la gran pantalla cuadrada de 7.6 pulgadas Dynamic AMOLED 2x Infinity Flex (2.208 x 1.766 píxeles). Se puede elegir entre 60 y 120 Hz para la tasa de refresco. En el segundo caso, los movimientos serán mucho más fluidos en vídeos y juegos, pero se paga un precio en términos de la duración de la batería.

El acabado, en esta ocasión, está lleno de detalles que favorecen tanto a la estética como a la funcionalidad: diseño más elegante, sistema de bisagras más integrado y menos visible, bordes en mate… y una única perforación para la cámara de selfies (lleva otra en la pantalla frontal) en lugar del voluminoso notch con doble cámara de la versión anterior. Se agradece enormemente que la pantalla externa sea completamente funcional, lo cual significa que podemos usar el móvil de la manera habitual y sin necesidad de abrirlo para todo, como sucedía con el Z Fold original.

Resulta inevitable que el polvo y las partículas de suciedad «se cuelen» dentro aunque el teléfono esté plegado, especialmente en la franja del pliegue de la pantalla, de forma que al abrirlo suele ser necesario limpiarla. En resumen, se trata de un terminal de aspecto robusto, bien construido y bien pensado, y no da la sensación de ser un dispositivo «a medio terminar», como sucedía con la primera versión.

Al ser un teléfono plegable, se nota el doblez en el centro de la pantalla (incluso al tacto) cuando trabajamos con el terminal abierto. Pero es algo que termina por no molestar, ya que en los ángulos más habituales de visualización la «arruga» apenas se nota. El ratio de la gran pantalla interna es del 88,6 % de la superficie. Es decir, que los bordes son muy estrechos y los contenidos de las apps adaptadas al formato 4:3 llenan toda la pantalla, dejando más sitio para trabajar a la vez con dos e incluso con tres aplicaciones abiertas. Lo malo, y esto es inevitable en un formato cuadrado, es que al visualizar vídeos o películas (muchos de los cuales serán en formato 16:9) tendremos que lidiar siempre con dos grandes franjas negras arriba y debajo del contenido.

Lo mismo sucede con las aplicaciones que aún no están adaptadas al formato. Y si bien es cierto que Samsung ha hecho un gran esfuerzo en este sentido, son muchas las «apps» (como por ejemplo Instagram) que todavía no aprovechan la totalidad de la pantalla y que ofrecen, por lo tanto, una experiencia de uso incompleta e incluso molesta.

Multitarea, el punto fuerte
Lo que sí podremos, desde luego, es llevar a otro nivel la multitarea móvil. La alianza de Samsung con Microsoft permite, por ejemplo, que podamos utilizar Office como si estuviéramos en un ordenador. Como se ha dicho, el Z Fold 2 permite tener abiertas y en primer plano hasta tres aplicaciones diferentes. Podemos, por ejemplo, escribir un correo al mismo tiempo que consultamos un informe en Excel y tenemos abierta la galería de fotos. Bastará con arrastrar una de ellas al mensaje para adjuntarla.

A la hora de escribir, además, podemos doblar la pantalla en un ángulo de 90 grados, como si se tratara de un ordenador. El teclado aparecerá en la mitad inferior, mientras que el mensaje estará en la superior. Al volver a abrirlo completamente volverán a aparecer todas las «apps» con las que estábamos trabajando. Cabe destacar que el dispositivo permite hacer capturas selectivas de pantalla. De este modo, si estamos trabajando con varias aplicaciones y queremos hacer una captura de pantalla, podremos elegir la «app» o «apps» (dos como máximo) que nos interesan.

Además de las tres «apps» en primer plano, podremos tener también hasta 5 aplicaciones más abiertas en modo de ventana flotante. En las pruebas realizadas resultaba sencillo ir pasando de una a otra, aunque lo normal es no tener más de dos, o tres como mucho, abiertas al mismo tiempo en un móvil. La mayor virtud del dispositivo es, sin duda alguna, su impresionante capacidad de multitarea. Se trata de un dispositivo con excelentes prestaciones y pensado especialmente para trabajar.

Rendimiento impecable
En cuanto al rendimiento, nada que decir. El terminal incorpora el último procesador de gama alta de Qualcomm, el Snapdragon 865+, un chip con módem 5G y que, literalmente, puede con todo. Ni siquiera nos daremos cuenta (aunque sí la batería) de que estamos trabajando como si nada con varias aplicaciones a la vez. Le acompaña una generosa memoria RAM de 12 GB. El espacio para almacenamiento es de 256 GB. En este apartado, por lo tanto, no se puede pedir más.

Mejor la fotografía que el vídeo
En cuanto a la fotografía, esta segunda generación del Z Fold incorpora una cámara menos que la anterior. Lo cual no significa que vayamos a conseguir peores fotos. Más bien todo lo contrario, en especial por lo que se refiere a los «selfies».

En total contamos con cinco cámaras: una triple trasera más dos cámaras frontales, una en la cubierta (con el teléfono cerrado), y la otra en la gran pantalla interna. La configuración de las lentes traseras es la habitual en Samsung: tres sensores de 12 megapíxeles (un Ultra gran angular con apertura F2,2, un gran angular con píxeles de doble tamaño F1.8 y un Telefoto con zoom óptico de x2 y F2.4). Las dos cámaras frontales son idénticas: sensores de 10 megapíxeles y F2.2.

Debido al hecho de que el Fold 2 puede plegarse, el terminal presenta sin embargo una ventaja única a la hora de hacer selfies: podemos hacerlos usando la triple cámara trasera. Para ello no habrá más que activar una opción que nos permitirá hacernos un selfie no solo con la cámara principal, sino también con el gran angular o el telefoto. Lo cual permite, por primera vez en un móvil, hacerse selfies con toda la calidad y efectos de las cámaras principales, incluido el modo noche o los vídeos de alta calidad.

Por lo que respecta al vídeo, el terminal no permite, como otros de la competencia, grabar en 8K. Y hay que decir que en las pruebas realizadas por ABC la calidad no fue demasiado buena a la hora de grabar vídeos nocturnos. A pleno día, sin embargo, la calidad es excelente, a pesar de que el «super estabilizador» nos obliga a grabar a 1.080 p.

Una batería que resiste
Con sus 4.500 miliamperios, divididos en dos baterías diferentes (una de 2.155 miliamperios y otra de 2.345) el Z Fold 2 resiste sin pasar por el enchufe mucho más de lo que cabría esperar, dado sus múltiples pantallas. En el anterior moledo, la pantalla externa, demasiado pequeña, solo servía para echar un vistazo rápido a las notificaciones, pero ahora estamos ante una pantalla totalmente funcional con la que podemos trabajar con todas las funciones del teléfono. Y eso, sumado a la gran pantalla interna, podría traducirse en una reducción del tiempo de batería.

En las pruebas realizadas, usando a discreción las dos pantallas para distintas tareas, conseguimos un día completo de uso «normal». Es decir, sin pasarnos con los vídeos ni con la multitarea. Un uso intensivo, sin embargo, hará difícil que lleguemos a la noche sin tener que pasar por el cargador. Por supuesto, si tenemos activada la tasa de refresco de 120 Hz en la pantalla interna, el tiempo de batería se reduce drásticamente. El sistema de carga rápida, sin embargo, consigue restaurar el 50% de la batería en unos 40 minutos. Una carga completa nos llevará algo más de una hora y media.

En resumen, se trata de una versión enormemente mejorada con respecto a la del año pasado, con un acabado impecable y un aspecto sólido y robusto. La calidad fotográfica y de vídeo es más que aceptable, aunque en malas condiciones de iluminación las grabaciones pierden calidad. Destaca la posibilidad de hacerse selfies con las cámaras principales.

Para multitarea, sin embargo, es el mejor móvil del momento, solo superado por una tableta o un ordenador. La calidad de pantalla es excelente y el único problema es que, debido al formato, muchos vídeos y aplicaciones no la llenan, dejando barras negras arriba y abajo. ¿Merece la pena gastar 2.040 euros en este terminal? Para la mayoría de los usuarios, la respuesta es negativa. Ideal, sin embargo, para profesionales que necesitan trabajar en cualquier parte sin renunciar prácticamente a nada.

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