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Funeral de Benedicto XVI será igual al de otros pontífices

Fernando Castilla Fassio
8 Min. de Lectura

Para el 5 de enero quedó fijado el funeral del Papa emérito, Benedicto 16, fallecido este sábado 31 de diciembre.

Según fuentes vaticanas, las exequias serán iguales a las de otros pontífices. La única diferencia estriba en que, al ser un Papa emérito y no uno en plenas funciones, no se realizará el tradicional cónclave, que reúne a cardenales de todo el mundo para la elección de un sucesor.

A lo largo de los nueve días de luto oficial, habrá una serie de actividades para despedir a Benedicto.

 

Este lunes, 2 de enero, el cuerpo será trasladado a San Pedro, para que los feligreses puedan darle el último adiós. Además, se harán públicos su testamento y sus últimas voluntades, así como la forma en que pidió ser sepultado.

La mayoría de papas piden ser enterrados en la cripta de San Pedro, por su cercanía a la tumba del apóstol, pero no se conoce si así lo pidió en su testamento Benedicto.

Entre el cuarto y el quinto día tendrá lugar el funeral de Estado. Acudirán toda la curia y autoridades de alto nivel de todos los países. Será la primera vez en la que podríamos ver a un papa, Francisco, enterrando a otro papa, Benedicto XVI.

Los pasos a seguir

Cuando muere un Papa, ¿qué ocurre?, la certificación de la muerte del Papa la realizan los cuerpos médicos de la Santa Sede y una vez certificada la muerte, como se hace con cualquier mortal. Firmado el documento de la defunción, comienzan los rituales específicos. Los médicos dan aviso al prefecto de la casa pontificia, y él es quien dice oficialmente: “el Papa ha muerto”. En ese instante todos se arrodillan y comienzan los responsos.

Inmediatamente arranca el turno de vela por parte de los canónigos penitenciarios. Se encienden cuatro velas a los pies de la cama y se coloca un acetre (un pequeño recipiente en forma de balde), con agua bendita y el hisopo junto al lecho mortuorio, para los responsos de los prelados visitantes.

Estando el cuerpo del Papa todavía en su lecho, hace su llegada el cardenal camarlengo, que viste con estola violeta y que es, durante la sede vacante, la más alta autoridad de la Iglesia católica. Él entra en la habitación escoltado por un destacamento de la Guardia Suiza con alabardas, símbolo de la nueva autoridad, para asegurarse oficialmente de la muerte del Pontífice.

El camarlengo se acerca al cuerpo del papa difunto, y con un pequeño martillo de plata golpea la frente del pontífice por tres veces y pronuncia su nombre de pila: “Iosephus, ¿dormis?” tras verificar su muerte dice: “vere papa mortuus est” (de verdad el Papa ha muerto). A continuación, retira del dedo el anillo comúnmente llamado “del pescador”, símbolo del poder pontificio. Esta es la señal de que el reinado ha concluido. El anillo será roto junto con el sello de plomo del Papa ante los cardenales. Se hace para evitar cualquier eventual falsificación de documentos papales.

 

Una vez concluidos estos primeros ritos, el cuerpo del pontífice es retirado para ser lavado y revestido con los atributos papales. Salvo que el Papa haya dicho lo contrario, el procedimiento exige que se le extraigan las vísceras, que son depositadas en urnas que se conservan en la cripta subterránea de la iglesia de san Vicente y san Anastasio, frente a la Fontana de Trevi, en Roma.

Todas las habitaciones del palacio apostólico son lacradas y cerradas. Inmediatamente después, el camarlengo informa al cardenal vicario de Roma que el Obispo de Roma ha muerto. El cardenal vicario le hace saber a todos la muerte del pontífice. Cuando falleció el Papa Juan Pablo II, fue el cardenal argentino Leonardo Sandri quien tuvo la triste tarea de anunciar su muerte. Una vez que el anuncio se hace público, las campanas de Roma y de todas las iglesias del mundo “tocan a difuntos”. Se declaran 9 días de luto riguroso y se ofician en el mundo mil misas por el eterno descanso del Papa fallecido.

El cuerpo se reviste con los atributos papales: sotana blanca, alba blanca, amito, estola, una casulla de color rojo (el color rojo es el color del luto papal) y mitra episcopal blanca. Es depositado en la capilla Sixtina, donde los miembros de la Santa Sede y los diplomáticos presentarán sus honores.

Al día siguiente se lo traslada a la basílica de San Pedro, donde es colocado en un catafalco delante del altar de la confesión. Y ahí estará para que los fieles rindan su último homenaje. Luego de culminado el velorio se realiza la misa de exequias, presidida por el cardenal camarlengo y el decano del colegio cardenalicio; todos con ornamento de color rojo. Y por ser jefe de un estado, suelen concurrir presidentes y reyes o reinas de todos los países con los que la Santa Sede posee relaciones diplomáticas.

Los ataúdes

Una vez culminada la misa se llevará el féretro, muy simple y sencillo, de ciprés totalmente liso con una cruz negra pintada sobre su tapa, y forrado de terciopelo rojo, hasta el lugar de su sepultura mientras el coro entona en himno: “Libera me, Domine, de morte aeterna » (líbrame Señor de la muerte eterna).

En el caso del papa emérito, descansará en el lugar donde estaba el cuerpo de Juan Pablo II, en las grutas vaticanas, que fue subido a la basílica de San Pedro una vez que fue canonizado.

El féretro de madera será depositado dentro de otro de plomo, y este dentro de otro ataúd de madera de roble u olmo. Antes que el triple ataúd sea cerrado, un miembro de la casa pontificia leerá los hechos de más relevancia de su pontificado y depositará dentro del segundo ataúd -es decir entre el de plomo y el de roble- un tubo de metal que contiene un pergamino con su acta de defunción, los hechos más notorios de su pontificado, y medallas y monedas acuñadas durante su ministerio petrino. Para ser depositado en dicho lugar se debe armar un arnés, dado que el peso de los tres ataúdes puede superar los 500 kilos.

Cuando el ataúd toca el piso, el cardenal camarlengo echa sobre el mismo una cucharada de tierra y dice: “memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris…” (Recuerda hombre que eres polvo y en polvo te convertirás). Lo mismo hacen los cardenales presentes, pero sin decir nada. Una vez concluido todo este ritual, se corre la lápida de granito que cierra la tumba. Así concluyen los ritos fúnebres.

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Periodista de larga trayectoria, escritor e investigador.
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