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La costumbre de los papas de cambiar su nombre real

Fernando Castilla Fassio
2 Min. de Lectura

 

Ninguna norma impide a un nuevo papa, cambiar su nombre real cuando es electo en el cónclave. No existen normas que le impongan determinadas secuencias. Es más bien su libre albedrío el que lo establece.

Según la Enciclopedia Británica, el primer sumo pontífice que decidió cambiar su nombre fue el papa Juan II, pues consideraba su nombre original, Mercurio, como pagano. En su lugar eligió el de Juan, en referencia al papa Juan I.

Juan II ocupó el cargo del año 533 al 535, en el siglo VI. Desde entonces, la tradición de que los papas elijan otro nombre, diferente al original, fue tomando forma, pero se consolidó finalmente a mediados del siglo XI, de acuerdo con la iglesia católica St. Catherine of Siena (en Georgia, Estados Unidos).

En resumidas cuentas, los papas eligen su nombre de forma libre, ya sea uno en referencia de algún pontífice del pasado con el que se sientan identificados, o uno nuevo jamás usado anteriormente (como en el caso del papa Francisco).

 

Ratzinger eligió Benedicto, según sus propias palabras, debido a lo siguiente: «He querido llamarme Benedicto XVI, para relacionarme idealmente al venerado pontífice Benedicto XV, que ha guiado a la Iglesia en un periodo atormentado por el primer conflicto mundial. Fue valiente y auténtico profeta de paz, y actuó con extrema valentía desde el inicio para evitar el drama de la guerra y después al limitar las nefastas consecuencias».

Benedicto XV fue el 258 papa de la Iglesia católica, entre el 3 de septiembre de 1914 hasta su muerte, en 1922. Su pontificado fue eclipsado en gran medida por la Primera Guerra Mundial y las consecuencias de esta, tanto políticas, sociales como humanitarias.

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Periodista de larga trayectoria, escritor e investigador.
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