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Nadal, a semifinales tras firmar un gran partido ante Tsitsipas

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Nadal se mide con Medvedev el sábado por un puesto en la final de la Copa de Maestros.

Rafael Nadal vuelve a pisar las semifinales de la Copa de Maestros. La sexta. Billete conquistado con un gran partido frente a Stefanos Tsitsipas. Altísimo nivel el de ambos, decidido a favor del español porque siempre tiene ese plus que no tiene nadie más: la entereza de ganar por cabeza. Y porque a Nadal se le da estupendamente jugar al límite de la agresividad. Porque responde con todo en este final de curso acortado por la pandemia, muy fino con todos sus golpes, y letal cuando duda el contrincante.

Sabía Tsitsipas que si salía a defender, no había opción. Este Nadal anda ligero, nada que ver con otras versiones del balear por estas fechas en años anteriores porque en este 2020, como quien dice, apenas se ha jugado un trimestre. Por eso, el griego impuso las normas: agresividad, misiles a ambas bandas y buen saque. Aceptó el farol el español que, fresco en este O2, vuela por la pista y responde con la misma fuerza con la que recibe la pelota. Y aún un poco más.

Ante la contundencia del español, los nervios asomaron a la mente del griego. Estaba haciendo todo perfecto: primer saque impoluto, muy dentro de la pista, rápido en los desplazamientos para atacar la pelota cuanto antes, y aún así, Nadal seguía ahí, sin ceder: con dos juegos en blanco, con mucha soltura para no sufrir ninguna opción de break, sin fisuras. Y en el séptimo juego, un leve temblor en la mano y Nadal huele el miedo: primera opción de rotura con un latigazo marca de la casa. No consigue transformarlo, pero ahí sigue. Incapaz de superar en ritmo y juego a su rival a pesar de firmar un gran tenis, la estrategia de Tsitsipas acaba por resquebrajarse ante un Nadal que empuja, empuja y empuja. Ante la siguiente opción de rotura, a Tsitsipas le acaba por temblar la mano del todo: doble falta y 5-4 para el balear con su servicio.

Este Nadal, que se jugaba el pase a semifinales a una carta y ya tiene experiencia en estos entuertos, lleva tres meses sacando de maravilla. Con tres buenos servicios, incluido un «ace» para rematar, primer set en el zurrón.

Sabía Tsitsipas que debía seguir así, no había otra manera de doblegar al español. Esa estrategia, la de atacar y atacar, era la única posible. Se mantuvo fiel a ella a pesar del primer parcial perdido. Encontró un premio a su constancia. Al final del segundo capítulo, a Nadal le pesó más de la cuenta tener que ir siempre por detrás en el marcador. Ideas algo precipitadas, demasiada prisa, con subidas a la red innecesarias. Como un calco del primer parcial, misma resolución, pero hacia el otro bando: doble falta del 2 del mundo para entregar el set a Tsitsipas. Un despiste que, sin embargo, le costó poco recuperar, enorme su capacidad para olvidar los errores.

Después de un inicio confuso, con tres breaks consecutivos, Nadal impuso su juego y su herramienta más eficaz: la mentalidad. Centró su tenis de nuevo, apoyado en el saque que le reportó buenos puntos sin desgaste, y acabó por destrozar las defensa del griego, mermado físicamente por el alto nivel ofrecido, pero sobre todo, debilitado su carácter y apagado su cerebro, que ya no le respondía para enviar señales claras a la mano. Solo sumó dos juegos, porque al otro lado de la red, Nadal continuó en sus trece:agresividad, firmeza, en modo triturador. Ni un titubeo más. El plan que le había propuesto Tsitsipas al principio, pero mejorado. Para eso es Nadal. En semifinales de la Copa de Maestros. El sábado, Daniil Medvedev.

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