El Polo Norte magnético ya no está en el mismo sitio

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El polo norte magnético «vaga» alrededor de 55 kilómetros al año. Aunque pueda parecer una distancia muy pequeña, para sistemas tan complejos como el GPS de nuestros teléfonos móviles o el sistema de navegación de aviones y barcos, puede suponer una gran diferencia.

Hasta ahora, se creía que el polo norte magnético se encontraba a 1.600 kilómetros del Polo Norte geográfico, cerca de Canadá. Sin embargo, las últimas mediciones apuntan a que se ha desplazado 2.300 kilómetros hacia Siberia de forma muy rápida (antes lo hacía a una velocidad de unos 15 kilómetros al año, pero ha saltado a los 55 desde el año 2000), lo que ha provocado cambios urgentes en el Modelo Magnético Mundial, el «mapa» en el que se basa la navegación moderna. Los científicos ya recalculaban cada cinco años dónde está el Polo Norte magnético y la última fue en 2015. Esta vez no hemos podido esperar un lustro.

Pintando pistas aéreas

Pero no solo los productos de consumo con geolocalización utilizan este tipo de tecnología basada en el polo norte magnético. Maniobras del ejército tan sensibles como la navegación de los aviones o los escuadrones de paracaidistas los usan; también las agencias espaciales como la NASA, cuyas operaciones deben contar con el máximo de precisión; o la aviación, que bautiza los nombres de las pistas de los aeropuertos en función de este polo magnético.

Por qué ocurre este fenómeno

La explicación a este fenómeno es la turbulencia del interior de nuestro planeta. El núcleo terrestre es una esfera metálica enorme, de unos 3.485 km de radio (un tamaño similar al del planeta Marte), y está compuesto mayoritariamente por hierro y níquel, ambos buenos conductores de la electricidad. En la parte del núcleo más externa los metales se comportan como si estuvieran en estado líquido por efecto de las altas presiones y temperaturas existentes, mientras que en la parte más interna dichos metales están en estado sólido.

Debido a la diferencia de temperaturas entre la parte superior del núcleo externo (de unos 3.500ºC) y la parte inferior del mismo (a más de 6.000ºC) se crean corrientes ascendentes y descendentes de metal líquido que transportan calor desde el núcleo interno de la Tierra al manto. Estos movimientos de convección (similares a los que se producen en agua hirviendo en una olla) llevan asociados corrientes eléctricas que, a su vez, inducen un campo magnético produciendo, en conjunto, el campo magnético de la Tierra.

Y estas turbulencias son impredecibles: no se puede conocer ni el ritmo del movimiento del polo magnético ni la dirección, por lo que aventurarse sobre dónde estará dentro de otros cinco años el Polo Norte magnético es imposible. De hecho, en 2015, año en el que se creó el Modelo Magnético Mundial, los científicos vaticinaron que su movimiento sufriría una desaceleración. Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario.

En azul, la trayectoria del Polo Norte magnético en los últimos cinco siglos (de Canadá, en la parte inferior de la imagen, ahora se dirige rumbo a Siberia
En azul, la trayectoria del Polo Norte magnético en los últimos cinco siglos (de Canadá, en la parte inferior de la imagen, ahora se dirige rumbo a Siberia – National Oceanic and Atmospheric Administration.

Las consecuencias de la inversión de los polos

Sin embargo, esto no quiere decir que irremediablemente se vaya a dar la inversión: a lo largo de la historia geológica, ha habido disminuciones similares que no han culminado en un proceso de este tipo.

Lo que sí ocurriría sería que en una sociedad altamente dependiente de las tecnologías, una perturbación electromagnética podría dañar los equipos, provocando apagones o quemando transformadores, como se ha visto en el pasado con recientes perturbaciones electromagnéticas.

Fuente: Abc

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