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Primo pone en apuros a Letizia Ortiz.

Victor Gonzalez
3 Min. de Lectura

vye01cab100413-photo01_456_336Un año antes de que Letizia Ortiz conociera al príncipe Felipe, la princesa se quedó embarazada y abortó. El primo de la experiodista, David Rocasolano, se encargó, a petición de los futuros reyes de España, de recuperar el expediente con los detalles de la intervención y de quemarlo en el fregadero de su casa para evitar que los monarcas, Juan Carlos y Sofía, y la opinión pública conocieran uno de los episodios más comprometedores de la mujer que dos meses después se convertiría en esposa del sucesor de la Corona.

Corría septiembre del 2003. Rocasolano, abogado de profesión, cumplió con el cometido. Pero, no se llevó el secreto a la tumba. Luego de casi diez años, el familiar de Letizia ha decidido airear detalles de este episodio en el libro Adiós, Princesa (editorial Foca). La publicación salió a la venta este lunes, apenas transcurridos cinco días de la imputación a la infanta Cristina, la hija menor de los reyes, por una posible implicación en un caso de corrupción en la que está involucrado su cónyuge Iñaki Urdangarin. Otro frente abierto para una monarquía en caída libre.

El autor de la obra lanza una advertencia desde el inicio: la historia que discurre a lo largo de las 300 páginas no es, en ningún caso, una “historia alegre”. Es el relato, en sus palabras, “del choque de un gran tren expreso, los borbones, contra una modesta caravana de gitanos, los Ortiz-Rocasolano”. Todo un dardo envenenado que muchos han interpretado como un intento de alcanzar notoriedad, una venganza o un ajuste de cuentas que no ha encontrado hueco en los principales medios de comunicación del país europeo.

Alguien había guardado una copia con los datos del aborto que Rocasolano, dice, destruyó a petición de los herederos. En el libro se reproduce la factura de 240 euros que Letizia Ortiz pagó por la interrupción voluntaria de su embarazo, el 27 de octubre del 2002, en la clínica Dator.

El informe llegó a manos de Ramón Akal, dueño del sello editorial. Buscaron al pariente cercano (hoy traidor) y le propusieron encargarse del texto. “No fue fácil convencerle”, sostiene a este diario el subeditor, Jesús Espino. Adiós, Princesa vio la luz doce meses después. Una dosis más de morbo a la cadena de escándalos protagonizados por miembros de la Casa Real.

Desde su óptica, la inclusión del documento no vulnera la Ley de Protección de Datos: “No desvelamos un historial médico; publicamos una información que confirma un hecho de hondo calado político en un país donde se está hablando de una reforma del aborto. Ahora, que cada instancia diga lo que tenga que decir”.

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