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Se cumplen 40 años de la muerte de Garrincha: El gambeteador mágico, la máquia sexual y su triste muerte por el alcohol

Sus defectos físicos de la niñez no le auguraban un futuro deportivo, pero se convirtió en un jugador fuera de serie. Con 41 años tenía 9 hijos reconocidos

Sebastián Nogales
6 Min. de Lectura

Manuel Francisco dos Santos. O simplemente, Mané Garrincha. Hace 40 años, el 20 de enero de 1983 fallecía este extraordinario jugador, considerado el mejor puntero derecho de la historia. Tenía 49 años.

En Brasil, su idolatría estuvo a la altura de un grande como Pelé, nada menos. Y en el mundo, fue reconocido como un jugador distinto, imparable e indescifrable para sus rivales. El mejor gambeteador de todos los tiempos. El Instituto de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) lo ubicó en el octavo lugar en el ranking del mejor futbolista del siglo.

Era dueño de una gambeta única, en parte producto de una malformación en sus piernas. De nacimiento tuvo los pies unos ochenta grados hacia adentro, y su pierna derecha era seis centímetros más corta que la pierna izquierda. Tal vez por ese motivo sufrió una desviación de la columna vertebral, que la tenía torcida. Encima, de chico contrajo poliomielitis, enfermedad que lejos de mejorar su estado físico, lo deterioró.

Tantos problemas hicieron que nadie le auspiciara en sus comienzos un futuro como deportista de elite. Pero su pasión por el fútbol pudo más. De chico acostumbraba a jugar con pelotas que él mismo se hacía, u otras de caucho que se compraba, ya que venía de una familia muy humilde de 15 hermanos.

Varios de ellos lo apodaron Garrincha, ya que lo comparaban con un ave de la selva del Mato Grosso que era rápido como un rayo, pero al mismo tiempo un poco torpe. Comenzó a trabajar de muy joven en una empresa textil de la zona de Pau Grande, y en el equipo que la fábrica tenía dio sus primeros pasos.

Jugaba con futbolistas mucho más grandes que él, pero eso no lo intimidaba. Luego de probarse en varios clubes y de ser rechazado en todos, Botafogo le dio una oportunidad. Y no la desaprovechó: allí jugó entre 1951 y 1966, ganando cinco títulos, entre Copa Carioca y el torneo Río-San Pablo. Luego pasó por CorinthiansPortuguesaJunior de BarranquillaFlamengo, Red Star Paris y en el humilde Olaria de Brasil, donde se retiró en 1972.

La Selección de Brasil lo vio brillar en todo su esplendor. De la mano de Garrincha y de Pelé, que nunca perdieron con la Selección cuando jugaron juntos, la Verdeamarelha ganó los títulos mundiales de Suecia 1958 y Chile 1962.

En el Mundial disputado en el país sudamericano fue considerado el mejor jugador del certamen. En ese momento, él era «O Rey». También disputó el Mundial de Inglaterra 1966. «La Alegría del Pueblo», le decía la gente, ya que su gambeta y su habilidad generaban una admiración única y el aplauso constante.

Eso, sumado al desparpajo que mostraba también fuera de la cancha. Dicen que en la previa a la final ante Checoslovaquia de 1962 que Brasil ganó 3 a 1, preguntó: «¿Hoy es la final, no? ¿Contra quién jugamos? «Así vivía el fútbol, y así lo jugaba: mezcla de irresponsabilidad y desfachatez, sin presiones, pero con puro talento.

Fue uno de los goleadores de Chile ’62 con cuatro tantos, y estandarte de un Brasil que en el segundo partido del Mundial, ante los checos justamente, perdió a Pelé. En esa Copa del Mundo, ante Chile en semifinales, fue expulsado. Había sido figura y anotado dos goles. Pero Brasil reclamó y la FIFA permitió, por 5 votos a 2, que Garrincha jugara el partido decisivo. Cosas de otros tiempos.

Siempre se sobrepuso a la adversidad, como cuando el psicólogo de la Selección Brasileña recomendó no llevarlo al Mundial de Suecia con duras palabras: «Un débil mental no apto para desenvolverse en un juego colectivo».

Los problemas económicos una vez llegado el retiro fueron una constante. En 1974, amigos y ex compañeros le organizaron un partido a modo de despedida para ayudarlo. Tuvo 14 hijos reconocidos, un juicio en el que terminó preso por un accidente de auto en el que falleció su suegra… Y como ocurrió con muchos ídolos que llegaron de un origen humilde, el dinero que ganó en sus tiempos de gloria y de fama lo dilapidó.

Al mismo tiempo los problemas con el tabaco y el alcohol lo dejaron con una salud muy endeble. Un 20 de enero de 1983 fallecía producto de una sumatoria de complicaciones: congestión pulmonar, pancreatitis y pericarditis.

La despedida fue en el Maracaná, donde la gente recordó y homenajeó a la Alegría del Pueblo como lo merecía. Murió en la pobreza, pero no en el olvido.

Fuente: ESPN

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Por Sebastián Nogales Redactor deportivo de Radio Centro
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