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Solo 1% de animales decomisados volvió a su hábitat natural.

Victor Guillermo Gonzalez Delgado
6 Min. de Lectura

19533893aWilly es un mono chorongo que vive desde hace siete años en una de las jaulas de la Unidad de Policía de Medio Ambiente (UPMA), vía a Guangopolo, en el suroriente de Quito. El animal llegó ahí más o menos de dos años, tras ser rescatado de una familia que lo tenía como su mascota, pero atado desde muy chico a un barrote con una cadena de un par de metros.

Pese a que Willy, luego de un largo tiempo, recibió tratamiento de veterinarios de la UPMA, no ha podido alcanzar jamás su rastro genético de libertad. La citadina familia que lo trataba como al peluche de la casa, al que le daban de comer corn flakes con leche y también una que otra fruta, anuló su capacidad de defenderse solo en la selva o de procurarse su propio alimento. No puede ser ya reinsertado en su hábitat natural, la Amazonía ecuatoriana.

Hoy Willy, de una de las especies que se mantienen dentro de la lista roja de Ecuador con la categoría de vulnerable, es la atracción de la Policía de Medio Ambiente durante sus recorridos para educar a niños y adolescentes sobre la importancia de no domesticar ni comer la carne de animales silvestres.

La amenaza es constante. Cifras del Ministerio del Ambiente del Ecuador (MAE) revelan que en el 2012 en todo el territorio nacional se decomisaron 12.807 especímenes, que incluyen animales vivos, otros disecados y varios elementos constitutivos (carapachos vacíos utilizados en rituales, prendas de vestir confeccionadas a partir de pieles naturales, entre otros). Además, solo en los primeros cuatro meses del 2013 se han recuperado 649 especímenes en las 24 provincias.

Entre las especies vivas que comúnmente se decomisan en mercados, carreteras, casas, buses, aeropuertos, entre otros, están mamíferos como el pécari de collar, la guatusa de Oriente, los monos capuchinos y barizos, ocelotes, coatíes, perezosos; entre las aves hay loros, pericos, guacamayos, tucanes; y entre reptiles hay tortugas charapa, motelo y mordedora, culebras boas, equis e iguanas.

William Herrera, comandante accidental de la UPMA, reconoce que poco a poco la educación en temas ambientales de la población ecuatoriana está cambiando, pero que aún falta entender que es enorme el daño que se causa al tratar a un animal silvestre como si fuese doméstico.

La tala de bosques nativos, el consumo de carne silvestre como tradición en algunas zonas y la caza de animales de monte para la venta también son causas que atentan contra la vida silvestre del país. Según el capitán Herrera, quien trabaja desde hace cinco años en diversas secciones de la UPMA, en el 2011 agentes ambientales decomisaban mensualmente unos 350 especímenes, pero que en lo que va del 2013 la cifra de decomisos se ha reducido en un 50%; es decir, el dato ahora oscila entre 120 y 150 especímenes rescatados por mes.

Guayas, con 4.605 casos; y Pichincha, con 2.535, aparecen como las zonas en las que mayores especímenes se decomisaron en el 2012. Pese a ello, Herrera afirma que el mayor problema en la venta de animales está en provincias orientales, como Morona Santiago, Pastaza, Orellana y Sucumbíos.

También Esmeraldas aparece como una de las más complicadas en el mapa de la Policía de Medio Ambiente. El mes pasado, 10 saínos, 20 caimanes y dos tortugas consideradas en peligro de extinción fueron hallados en una casa en el barrio Nuevos Horizontes, en el cantón esmeraldeño de Quinindé.

El veterinario Danilo Molina explica que uno de los mayores retos para la autoridad, una vez recuperados los animales silvestres vivos, es devolverlos a su hábitat natural. El Ministerio del Ambiente considera que menos del 1% de los animales recuperados entre el 2012 y 2013 ha podido ser reinsertado a su ambiente original.

Los largos tiempos que generalmente los animales silvestres permanecen en cautiverio, el completo cambio de sus hábitos alimenticios, las deterioradas condiciones físicas en las que son recuperados –que muchas veces llevan a su sacrificio–, así como enfermedades adquiridas en el cautiverio y que podrían poner en riesgo a las demás especies, son, entre otras, las más importantes causas que impiden una reintroducción exitosa.

Luego de recibir un tiempo de cuarentena, los animales que no pueden ser devueltos a sus territorios de origen, apunta Herrera, son colocados en uno de los doce centros de rescate animal que existen a nivel nacional o en ocasiones son ingresados en zoológicos como el de Guayllabamba, en la capital.

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