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Un inmenso mar de sargazos florece en el océano dopado por fertilizantes

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El sargazo es un género de algas marrones (Sargassum) que crecen en aguas tropicales. La mayoría hincan sus raíces en el fondo del mar, pero hay algunas especies, como el S. fluitans y el S. natans, que flotan libremente en la superficie gracias a que desarrollan burbujas llenas de gases. Pueden crecer varios metros y sus tallos se van entrelazando entre ellos formando una red. Crean así frondosas selvas marinas donde prolifera la vida. Sin embargo, en exceso pueden provocar la muerte no solo de los marinos, como ocurrió con viejos barcos de vela, sino de muchas especies, en especial cuando una de estas masas vegetales llega a las playas.

Desde hace unos años, los episodios de turistas que no pueden llegar hasta el agua por culpa de una barrera de sargazos de hasta un metro de altura y kilómetros de frente se han repetido desde las costas del sur Florida, al norte, hasta las de isla Margarita (Venezuela) al sur, pasando por las turísticas playas de México. Podría pensarse que las algas procedían del mar de los Sargazos, pero los distintos modelos alimentados con las corrientes de la región señalaban que debían de venir de otra parte.

El análisis de estos datos, publicado en la revista Science, muestra que este nuevo mar de los sargazos empezó a emerger en el verano de 2011, llegando a alcanzar los 8.850 kilómetros en julio del año pasado. La estimación de su masa es aún más impresionante: 20 millones de toneladas de biomasa vegetal.

“Antes de 2011, ya había pequeñas cantidades de sargazos en el Atlántico tropical”, dice el profesor de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida (EE UU) y coautor del estudio, Chuanmin Hu. “Pero no desarrollaron proliferaciones masivas hasta ese año”, añade. En efecto, al remontarse hasta 2000 (primeros datos disponibles), los satélites Terra y Aqua de la NASA no detectaron aglomeraciones significativas de estas macroalgas.

En el extremo contrario, al oeste, el Amazonas descarga hasta 200.000 metros cúbicos en el Atlántico por segundo. Con el agua van toneladas de sedimentos que cambian el color del mar y en la última década la cantidad y composición de esta descarga están cambiando. Buscando ahí la clave, los autores del estudio analizaron la media anual de deforestación desde 2000, los patrones de consumo de fertilizantes en Brasil, que aumentó en un 67% en el periodo 2010-2018 respecto a 2000 y tomaron muestras durante varios años del nitrógeno y el fósforo en el margen oeste del Atlántico central.

Aunque sus datos son preliminares y harían falta más estudios, todo apunta a que el proceso que va de la deforestación a la agricultura, pasando por un mayor arrastre de sedimentos ahora enriquecidos estaría alterando la química oceánica, dopando el agua con un extra de nutrientes que hacen prosperar a los sargazos. Pelegrí, que no ha intervenido en el estudio, sugiere otra posibilidad, que el calentamiento esté estratificando la columna de agua y, una vez que los nutrientes la copan, se quedan ahí, “favoreciendo a un reducido número de especies como los sargazos”. Pero tampoco descarta una combinación de ambos procesos.

Con información del País. (Diario digital Español)

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